
La prontitud con la que su corazón había reaccionado, llevándolo a aquel viejo teatro de los sueños, visto el sofoco ocasionado en su cuerpo por las amargas palabras recibidas, le salvó de una muerte segura. Un consejo hubiera resultado inútil a esas alturas. Quizás ni el paso del tiempo hubiera sido suficiente para hacer desterrar el dolor. Eso le parecía, al menos. La sangre latía en sus sienes produciéndole unas terribles jaquecas y ganas de vomitar. Sólo él mismo podía solventar ya la papeleta. Aquel cura, amigo de la infancia, le había desvelado LA VERDAD. "Hijo, amigo, no tienes por qué creer", había aseverado con una sonrisa obscena que intentaba mezclarse con algo de bondad, pero que no hacía sino dejar al descubierto la bajeza propia de la manipulación sin menoscabo de interés que llevaban proclamando durante siglos. "Eso sí, el espacio que antes dedicabas a Dios, dedícalo a amar. Llénalo de sensaciones positivas. No pasa nada, créeme", masculló mientras se retiraba a su sepulcral cubículo, asumiendo que otra oveja descarriada se aproximaba a la paz interior, y comprendiendo que a aquella persona, resultaría imposible seguir engañándola por más tiempo. ¿Para qué si no estaban los amigos?...
La lluvia caía de forma torrencial, con abrumadoras ráfagas de viento, con la violencia de una tormenta tropical. Estaba calado hasta los huesos.
Entretanto dubitaba de forma errática sobre el sentido de por qué seguía manteniéndose crepitando aquella llama cobarde, un sentimiento de emoción comenzó a embargarle... ese retozar de notas de piano... Las gotas de lluvia que penetraban por las sangrantes grietas del techo dejaron de sonar para él... El silencio se había hecho en el patio de aquel teatro que olía a humedad, y el telón, que aún mantenía la presencia ensoñadora de antaño, se abría de par en par, para dar rienda suelta a la pasión de canciones del pasado: aquellas letras que narraban la extrañeza e incomprensión de las extrañas costumbres de las gentes que ocultaban sus pecados, su lado más triste, en oraciones a seres divinos... Había sido el comienzo de su no fe. El silencio era ahora el que le hablaba. El conformismo, la comodidad, le habían mantenido al margen de los cambios de la noche...
La decepcionante desilusión y la ingratitud de un destino lleno de interrogantes, llenaron cada uno de los rincones del teatro, humedeciendo aún más su ambiente y pasando por delante suya como un hálito helado, difuminándose en el aire. ¿En qué había creído hasta entonces? ¿Había merecido la pena todo aquél mal trago? La soledad del alma le arrinconó en aquél teatro vacío... Quiméricos violines estremecieron la piel de un hombre sin rumbo aparente... atenazado por la indecisión característica de quien no dirige su propio comportamiento....de quien no controla sus propios miedos.... Un gran muro se erigió ante él, pero quizás...ese cura... estaba en lo cierto.... quizás fuera podría encontrar alguien que lo necesitara DE VERDAD. Alguien a quien amar DE VERDAD. Alguien que, si se lo permitiera, sería su amor para toda la vida.
Y le dió por pensar... Y pensó que siempre habría un vestido de seda y lino para alguien que llora por las fiestas del mañana, y que el amor resulta más fuerte que nada, aún en un mundo como aquél, lleno de contradicciones.
Un coro celestial derramaba lágrimas de tristeza, llorando el exilio del vacío existencial, pero abriendo las puertas de un cielo en la tierra. Mientras llegaba la valentía, el amor real había estado sangrando.
La lluvia caía de forma torrencial, con abrumadoras ráfagas de viento, con la violencia de una tormenta tropical. Estaba calado hasta los huesos.
Entretanto dubitaba de forma errática sobre el sentido de por qué seguía manteniéndose crepitando aquella llama cobarde, un sentimiento de emoción comenzó a embargarle... ese retozar de notas de piano... Las gotas de lluvia que penetraban por las sangrantes grietas del techo dejaron de sonar para él... El silencio se había hecho en el patio de aquel teatro que olía a humedad, y el telón, que aún mantenía la presencia ensoñadora de antaño, se abría de par en par, para dar rienda suelta a la pasión de canciones del pasado: aquellas letras que narraban la extrañeza e incomprensión de las extrañas costumbres de las gentes que ocultaban sus pecados, su lado más triste, en oraciones a seres divinos... Había sido el comienzo de su no fe. El silencio era ahora el que le hablaba. El conformismo, la comodidad, le habían mantenido al margen de los cambios de la noche...
La decepcionante desilusión y la ingratitud de un destino lleno de interrogantes, llenaron cada uno de los rincones del teatro, humedeciendo aún más su ambiente y pasando por delante suya como un hálito helado, difuminándose en el aire. ¿En qué había creído hasta entonces? ¿Había merecido la pena todo aquél mal trago? La soledad del alma le arrinconó en aquél teatro vacío... Quiméricos violines estremecieron la piel de un hombre sin rumbo aparente... atenazado por la indecisión característica de quien no dirige su propio comportamiento....de quien no controla sus propios miedos.... Un gran muro se erigió ante él, pero quizás...ese cura... estaba en lo cierto.... quizás fuera podría encontrar alguien que lo necesitara DE VERDAD. Alguien a quien amar DE VERDAD. Alguien que, si se lo permitiera, sería su amor para toda la vida.
Y le dió por pensar... Y pensó que siempre habría un vestido de seda y lino para alguien que llora por las fiestas del mañana, y que el amor resulta más fuerte que nada, aún en un mundo como aquél, lleno de contradicciones.
Un coro celestial derramaba lágrimas de tristeza, llorando el exilio del vacío existencial, pero abriendo las puertas de un cielo en la tierra. Mientras llegaba la valentía, el amor real había estado sangrando.



